Rafiq Naunari había abusado a una menor de 8 años.
Un tribunal tribal condenó a su mujer a ser violada por el padre de la víctima.
La mujer ha huido del domicilio para evitar la sentencia.Estas sentencias, al margen de la ley, son comunes en las zonas rurales de Pakistán.
Una mujer de una localidad del centro de Pakistán huyó de su casa tras dictaminar un consejo tribal que ha de ser violada por el padre de una menor de la que abusó su marido, en un caso que ninguna de las familias afectadas ha planteado a la Policía, informó hoy la prensa.
La corte tribal juzgaba a Rafiq Naunari, padre de cinco hijos y habitante del pueblo de Jehanian, cerca de Multán, la capital de la provincial oriental paquistaní de Punjab, según el diario "Daily Nation".
Violar a la mujer del violador
El pasado día 23, Naunari fue sorprendido abusando de una niña de ocho años a la que había secuestrado cuando ésta acudía al colegio, pero logró escapar y aún está en paradero desconocido.
El padre de la víctima se dirigió al "panchayat", una especie de "corte" local, que ayer estudió el caso y rechazó varias de las ofertas de la familia Naunari para limpiar su honor por el delito de Rafiq.
Los tres hermanos de Rafiq ofrecieron a sus cuatro hijas en matrimonio al padre de la niña violada, Muhammad Nawaz, que las rechazó.
La corte dictaminó entonces que fuera la esposa de Rafiq la que pagara el delito de su marido siendo entregada a Nawaz, pero la mujer logró huir antes de que se ejecutara la "sentencia".
Sin denuncia ante la policía
El oficial de Policía de Multán Mirza Muhhammad Ali explicó que ni la familia de la niña violada ni la del violador han denunciado el caso ante las autoridades.
La Policía ha arrestado a dos hermanos y un sobrino del presunto violador y ordenado que se haga un estudio médico a la niña para recabar pruebas de la violación y poder formular una denuncia.
Aunque penadas legalmente, en zonas rurales paquistaníes siguen siendo frecuentes "veredictos" como el de Jehanian, basados en códigos de honor feudales que hacen pagar a las mujeres los delitos cometidos por los hombres de su familia.
martes, 29 de mayo de 2007
martes, 22 de mayo de 2007
"La maternidad es un derecho y no una imposición"
Ana María Acevedo era una joven de 20 años, de un pequeño pueblo –Vera– del norte de Santa Fe. Ana no había accedido a la educación formal, no sabía leer ni escribir, y sus tres hijos –de 4, 2 y 1 año-, dependían de un plan social. Para cuidar su salud, acudía al SAMCo (Servicios para la Atención Médica de la Comunidad de la Provincia) de su pueblo. Ana había pedido en el centro sanitario que le ligaran las trompas. Durante meses esperó una respuesta que nunca llegó.
Hasta aquí, podría ser una más de las múltiples historias, de los múltiples destinos, de mujeres madres adolescentes y pobres de nuestro país.
Sin embargo, a mediados del año pasado, la historia de Ana comenzó a complicarse aun más. Acudió con un fuerte dolor de muelas al centro sanitario, donde le extrajeron la que le provocaba –teóricamente- el insoportable dolor. Sin embargo, meses después seguía sufriendo, sin conseguir que la derivaran a Santa Fe para otros estudios (quien debía firmarle la derivación era padre de la odontóloga que la atendía).
En noviembre consiguen –abogado de por medio- la derivación a un centro de mayor compLejidad, y a Ana le extraen un tumor de las partes blandas de su cuello. Nadie le explicó que en su condición no debía quedar embarazada. Nadie les explicó, dice Norma Cuevas, su madre, qué significaban los resultados de la biopsia que le hicieron a lo extraído. Ana y su madre volvieron a Vera.
Un mes después, en diciembre, Ana viaja nuevamente a Santa Fe a someterse al tratamiento de quimioterapia y rayos que le habían ordenado. Allí le dicen que tiene un embarazo de tres semanas y la derivan al Hospital Itarruspe. Allí, a pesar del pedido de los padres de Ana María de que se interrumpiera el embarazo para que pudiera someterse a rayos, y a pesar de que su situación encuadraba perfectamente en las excepciones contempladas por el código penal en su art. 86; el Comité de Ética del Hospital y su director Dr. Andrés Ellena, se negaron a realizarle un aborto. La obligaron a continuar con el embarazo, y no permitieron que se sometiera al tratamiento que su cáncer exigía.
Cuando tres meses después detectaron que había una incompatibilidad entre la sangre del feto y Ana María, le realizaron una cesárea. El 26 de abril nació una niña que no llegó a vivir 24 hs.
Mientras tanto, la Multisectorial de Mujeres de Santa Fe reclamaba una respuesta: “Quizás a los ojos de estos funcionarios Ana María Acevedo por ser una mujer joven, pobre de recursos económicos y escasa de educación sistemática no merezca estos derechos y otros (…) Denunciamos que el embarazo forzado implica una maternidad obligada. La maternidad es un derecho y no una imposición".El aborto terapéutico es un derecho que la ley reconoce y no efectuarlo contra la voluntad de la paciente significa la mayor violencia ejercida sobre el cuerpo de una mujer y mas aun cuando va en detrimento de la calidad de su existencia y pone en peligro su vida”.
Y mientras Ginés González García, Ministro de Salud de la Nación declaraba en su viaje a Córdoba que “…de hecho ahora no está funcionando en el país la penalización del aborto…”, Ana María esperaba el desenlace del estadío terminal de su cáncer en el sector de oncología, porque como declaró su madre al diario “El Litoral”, “es una muerte lenta que no requiere de cuidados especiales”.
Finalmente, ayer, cayó en estado de coma farmacológico y, horas después, murió en la sala de terapia intensiva del Hospital Itarruspe. Allí quedaron las lágrimas y la impotencia de su familia que vivió todos estos días en los pasillos; de Norma, su madre, que acompañó cada momento; de sus tres hijxs que a duras penas recordarán la imagen de su madre.
Hasta aquí, sólo fue una descripción de los hechos, una cronología.
Ante esto, no cabe decir otra cosa:
Ana María no se murió. A ANA MARÍA LA MATARON.
Y con las mujeres de la Multisectorial de la Mujer, decimos:
No pedimos, exigimos respuestas.
No queremos justificaciones, queremos modificaciones.
No soportamos más excusas. Esta realidad es la nuestra, estas mujeres que mueren son nuestras.
¡¡ANA MARIA PRESENTE!!
Hasta aquí, podría ser una más de las múltiples historias, de los múltiples destinos, de mujeres madres adolescentes y pobres de nuestro país.
Sin embargo, a mediados del año pasado, la historia de Ana comenzó a complicarse aun más. Acudió con un fuerte dolor de muelas al centro sanitario, donde le extrajeron la que le provocaba –teóricamente- el insoportable dolor. Sin embargo, meses después seguía sufriendo, sin conseguir que la derivaran a Santa Fe para otros estudios (quien debía firmarle la derivación era padre de la odontóloga que la atendía).
En noviembre consiguen –abogado de por medio- la derivación a un centro de mayor compLejidad, y a Ana le extraen un tumor de las partes blandas de su cuello. Nadie le explicó que en su condición no debía quedar embarazada. Nadie les explicó, dice Norma Cuevas, su madre, qué significaban los resultados de la biopsia que le hicieron a lo extraído. Ana y su madre volvieron a Vera.
Un mes después, en diciembre, Ana viaja nuevamente a Santa Fe a someterse al tratamiento de quimioterapia y rayos que le habían ordenado. Allí le dicen que tiene un embarazo de tres semanas y la derivan al Hospital Itarruspe. Allí, a pesar del pedido de los padres de Ana María de que se interrumpiera el embarazo para que pudiera someterse a rayos, y a pesar de que su situación encuadraba perfectamente en las excepciones contempladas por el código penal en su art. 86; el Comité de Ética del Hospital y su director Dr. Andrés Ellena, se negaron a realizarle un aborto. La obligaron a continuar con el embarazo, y no permitieron que se sometiera al tratamiento que su cáncer exigía.
Cuando tres meses después detectaron que había una incompatibilidad entre la sangre del feto y Ana María, le realizaron una cesárea. El 26 de abril nació una niña que no llegó a vivir 24 hs.
Mientras tanto, la Multisectorial de Mujeres de Santa Fe reclamaba una respuesta: “Quizás a los ojos de estos funcionarios Ana María Acevedo por ser una mujer joven, pobre de recursos económicos y escasa de educación sistemática no merezca estos derechos y otros (…) Denunciamos que el embarazo forzado implica una maternidad obligada. La maternidad es un derecho y no una imposición".El aborto terapéutico es un derecho que la ley reconoce y no efectuarlo contra la voluntad de la paciente significa la mayor violencia ejercida sobre el cuerpo de una mujer y mas aun cuando va en detrimento de la calidad de su existencia y pone en peligro su vida”.
Y mientras Ginés González García, Ministro de Salud de la Nación declaraba en su viaje a Córdoba que “…de hecho ahora no está funcionando en el país la penalización del aborto…”, Ana María esperaba el desenlace del estadío terminal de su cáncer en el sector de oncología, porque como declaró su madre al diario “El Litoral”, “es una muerte lenta que no requiere de cuidados especiales”.
Finalmente, ayer, cayó en estado de coma farmacológico y, horas después, murió en la sala de terapia intensiva del Hospital Itarruspe. Allí quedaron las lágrimas y la impotencia de su familia que vivió todos estos días en los pasillos; de Norma, su madre, que acompañó cada momento; de sus tres hijxs que a duras penas recordarán la imagen de su madre.
Hasta aquí, sólo fue una descripción de los hechos, una cronología.
Ante esto, no cabe decir otra cosa:
Ana María no se murió. A ANA MARÍA LA MATARON.
Y con las mujeres de la Multisectorial de la Mujer, decimos:
No pedimos, exigimos respuestas.
No queremos justificaciones, queremos modificaciones.
No soportamos más excusas. Esta realidad es la nuestra, estas mujeres que mueren son nuestras.
¡¡ANA MARIA PRESENTE!!
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